Los danubianos indujeron a los nórdicos a adorar a la madre, fomentando una tradición de cremación y avance cultural. [1]
Durante la era de Creta, el culto a la madre de los descendientes de Caín alcanzó su apogeo en popularidad a través de la adoración de Eva como la «gran madre». [2]
Los danubianos, influenciados por los misioneros cretenses y los marineros andonitas, practicaban el culto a la madre e incineraban a sus muertos en chozas de piedra. [3]
Los griegos helénicos encontraron que el mundo mediterráneo estaba dominado en gran parte por el culto a la madre, pero impusieron a su hombre-dios Dyaus-Zeus como cabeza del panteón griego, al borde de lograr el verdadero monoteísmo. [4]
Los sacerdotes del culto a la madre dieron el ejemplo al someterse a la castración, enseñando la virtud del sufrimiento físico abrazada por los hebreos, hindúes y budistas. [5]