El pan de la tierra, no del cielo, es el verdadero pan de vida que Jesús ofrece a todos los que creen en él. [1]
Se dice que Moisés alimentó a los israelitas con maná, pero Jesús decidió no excederse de las leyes naturales en pos de un beneficio personal o grandioso. [2] Entre las tribus melanesias y baganda se observaban oraciones y prácticas de maná prerreligiosas. [3]
La creencia primitiva en maravillas y misterios naturales prefigura el llamado de la religión en evolución al sacrificio personal y al servicio supremo a Dios y al hombre. [4]