La derrota es el verdadero espejo que revela la profundidad de tu capacidad espiritual y la fortaleza de tu carácter. [1] Sólo Dios tiene una autoevaluación perfecta, plenamente consciente de su infinitud, eternidad, perfección y poder. [2] Los apóstoles se sorprendieron al saber que las enseñanzas de Jesús carecían de orientación sobre el autoexamen espiritual. [3] El autoanálisis previene el egoísmo vanidoso en la filosofía de Jesús de Nazaret. [4] Tanto la ciencia como la religión requieren una autocrítica intrépida para reconocer su incompletitud y evitar el dogmatismo. [5]
La comprensión de uno mismo y de los demás conduce al anhelo de conocer a Dios, ya que el hombre que conoce a Dios se esfuerza por llegar a ser como la Personalidad Original mediante sus experiencias espirituales. [6] Jesús enseñó el olvido de sí mismo y el autocontrol, mientras que Juan enseñó el autoexamen y la abnegación. [7]