Defender la omnificiencia de la Deidad primordial priva de derechos a todas las demás personalidades del universo. [1]
Las acciones de libre albedrío de los espíritus no siempre reflejan la perfección e inmutabilidad del Hijo Eterno, que mantiene un control absoluto sobre todas las realidades espirituales. [2]
Reconocer la omnipotencia de la Deidad aporta seguridad y certidumbre en el viaje al Paraíso, mientras que aceptar la falacia de la omnificiencia conduce al colosal error del panteísmo. [3]
Las acciones de Dios pueden parecer crueles o indiferentes debido a nuestra perspectiva limitada, pero es importante entender que Dios no hace todo personalmente, ya que la omnificiencia no es una característica del Padre Universal. [4] El amor de Dios no implica decisiones predestinadas; el hombre tiene relativa libertad de elección. [5]
Los judíos veían a Dios en casi todo lo que sucedía, pero nuestra misión es ayudar a los hombres a resolver sus problemas espirituales y no atribuir todos los malentendidos al Padre. [6]