El árbol de la vida, un arbusto de Edentia, fue enviado a Urantia por los Altísimos de Norlatiadek, concediendo vida indefinida a los seres del séquito del Príncipe. [1] El árbol de la vida, desde la llegada de Caligastia hasta la falta de Adán, proporcionó el sustento esencial a los seres inmortales de Urantia. [2]
El fruto del árbol de la vida almacenaba energías espaciales que eran un antídoto contra el envejecimiento, prolongando la vida de individuos selectos. [3]
El árbol de la vida era inútil para los mortales ordinarios, pero confería vida continua a ciertos seres mediante su misteriosa fuerza de prolongación de la vida almacenada en su fruto. [4]
El fruto del árbol de la vida permitió que el séquito del Príncipe y sus homólogos mortales vivieran indefinidamente, gracias a un don que les otorgaron los Altísimos de Norlatiadek. [5]
El árbol de la vida, que inicialmente creció en el patio del templo del Padre en Dalamatia y Edén durante los días del gobierno del Príncipe, fue vuelto a cultivar por Van y sus asociados durante la rebelión, sirviendo a Van y Amadon durante más de ciento cincuenta mil años en su retiro de las tierras altas. [6] Durante la rebelión, los leales custodiaron el árbol de la vida en un asentamiento sin murallas protegido por fieles criaturas intermedias. [7] El árbol de la vida sirvió a Van y Amadon durante más de 150.000 años en su retiro de las tierras altas. [8]
El árbol de la vida fue trasladado al Jardín del Edén después de dos años de preparación y esfuerzos de reubicación, y sólo un grupo de habitantes de la península se negó a desalojar. [9] Se advirtió a Adán y Eva que no mezclaran el bien y el mal al comer del árbol de la vida. [10]
Después de la falta, a Adán y Eva se les negó el acceso a la superenergía almacenada en el fruto del árbol de la vida, lo que llevó a su degradación de estatus. [11] El árbol de la vida, destruido por los noditas, contenía la promesa de la divinidad para quienes buscaran su fruto en el Edén. [12]
Maquiventa, que se parecía a los humanos pero no podía procrear, enfrentó el deterioro físico sin acceso al árbol de la vida durante su misión de donación en la Tierra. [13]
Había un culto casi universal a los espíritus de los árboles entre diferentes tribus y razas, con creencias que variaban enormemente de bondadosas a crueles. [14] La referencia al árbol de la vida en la oración desde otro planeta simboliza una conexión universal con lo divino. [15]
Véase también: LU 73:6.