Durante el período Carbonífero, los árboles crecían hasta alcanzar alturas de 38 metros y sus troncos alcanzaban un diámetro de 2 metros, y sus esporas se esparcían por el viento. [1] Andón enseñaba a resolver las disputas a golpes; más tarde, los andonitas resolvían las disputas mediante el ridículo y el aplauso. [2]
Las creencias de las diferentes tribus y razas sobre los espíritus de los árboles variaban desde las bondadosas hasta las engañosas y crueles; algunas culturas consideraban que la mayoría de los árboles estaban habitados por espíritus bondadosos, mientras que otras los veían con desconfianza o como si albergaran espíritus crueles. [3] Juzgadlos por sus frutos, porque en el reino eterno de mi Padre, el árbol se conoce por sus frutos. [4] La advertencia de Juan sobre los árboles que no daban buen fruto y que eran talados fue un mensaje poderoso para quienes buscaban el bautismo. [5]
La adoración de los árboles, una de las prácticas religiosas más antiguas, implicaba matrimonios tempranos y el abrazo de robles robustos para la fertilidad, con diferentes creencias en los espíritus de los árboles entre las tribus y razas de todo el mundo. [6] Para los árboles nombrados en El libro de Urantia, consulte los enlaces a continuación.