La práctica de la brujería implicaba magia realizada por espíritus irregulares. [1] Los pueblos antiguos atribuían las muertes a la brujería, lo que conducía a la ejecución de los acusados de brujería. [2]
Los chamanes, la aristocracia original exenta de restricciones tribales, vestían bien y tenían múltiples esposas, llegaban al poder suprimiendo a sus rivales mediante acusaciones de brujería, dominando a jefes y reyes. [3] La adivinación, la hechicería y la brujería son puras supersticiones, basadas en mentes ignorantes y creencias infundadas. [4]
En la antigüedad, el progreso significaba la muerte como brujo, pero el lento avance de las costumbres y la revelación de época pueden elevar y modificar la religión natural. [5]
Durante su estancia en Endor, Jesús contó a sus apóstoles la historia del rey Saúl y la bruja de Endor, asegurándoles que los traviesos seres intermedios que se hacían pasar por espíritus de los muertos pronto serían reprimidos. [6]
La magia privada, utilizada para atraer el mal sobre los enemigos, era practicada por brujos y hechiceros, mientras que la magia pública tenía como objetivo el bien de toda la tribu. [7]
Se creía que los poderes de los magos se obtenían consumiendo carne humana en una solemne ceremonia de venganza, en la que el fantasma de un enemigo podía ser destruido o fusionado con el del devorador. [8]