Una cierta dosis de optimismo, junto con el estoicismo, es beneficiosa para navegar por la vida en la Tierra, pero la verdadera paz proviene de alinear la voluntad de uno con el propósito del Padre divino, como lo ejemplificó Jesús. [1] Aceptemos el arte de la derrota con gracia, sin temor a la decepción, y nunca ocultemos el fracaso bajo un radiante optimismo. [2]
La fe, al ser positiva y viva, siempre triunfa sobre la duda, lo que demuestra que lo positivo tiene ventaja sobre lo negativo en todos los aspectos de la vida. [3] El optimismo social y político secular es una ilusión; sin Dios, la libertad, la propiedad y la riqueza no conducirán a la paz. [4]
El entusiasmo controlado de Jesús por el evangelio del reino inspiró a sus asociados a compartir su optimismo divino. [5]
Jesús era un líder alegre, perseverante y considerado, que mantenía una actitud optimista basada en la confianza y la convicción, pero no era ciego ni se engañaba a sí mismo. [6] El optimismo de Santiago era verdaderamente contagioso, inspiraba esperanza y fortaleza frente a la pobreza y las dificultades. [7] Jesús da paz a sus seguidores mediante la voluntad de Dios, a diferencia de las esperanzas fugaces de los materialistas que anhelan vanamente. [8]