Los antiguos aborrecían la pobreza, hasta el punto de que se creía que sólo los ricos iban directamente al cielo al morir, pues la propiedad y la riqueza se volvían altamente estimadas. [1]
La ausencia de ideales en los líderes nacionales explica la pobreza, el divorcio, la guerra y los odios raciales, que surgen de una superabundancia de ideas pero de una falta de verdadera inspiración. [2]
La cultura nunca se desarrolla en condiciones de pobreza; el ocio, combinado con la ambición y la prosperidad material, es esencial para el progreso de la civilización. [3] Los imprevisores dependen del estado, mientras que los contribuyentes ahorrativos los sostienen, creando un ciclo de dependencia y desigualdad. [4]
Quienes buscan riqueza en canales aislados inevitablemente sufrirán pobreza; la planificación sabia y la integración en canales bien organizados son esenciales para la prosperidad mundana. [5] La pobreza es el estado natural y tiránico del hombre; la riqueza es el resultado del trabajo, el conocimiento y la organización. [6] En el mundo establecido en la luz y la vida, la pobreza y la desigualdad social han desaparecido casi por completo. [7]
El ritual de la mortificación de la carne incorporó la pobreza como una práctica espiritual, influyendo en la filosofía occidental y promoviendo el autocontrol. [8] Tolerar la pobreza obstaculiza el progreso social cuando el apoyo permite la reproducción sin restricciones. [9] La pobreza estaba muy extendida durante la época de Jesús en el mundo grecorromano. [10] Sobre cómo evitar la pobreza, véase los vínculos sobre logros y ganancias. Sobre la pobreza espiritual, véase humildad.