En el sistema cósmico, dos seres están asociados; tres o más crean un grupo, lo que significa la unificación y coordinación de las relaciones dentro de un todo mayor. [1]
La unidad engendra dualidad, la dualidad engendra triunidad, y la triunidad es el antepasado eterno de todas las cosas dentro de las tres grandes clases de relaciones primordiales. [2]
Como mortales ascendentes, todas estas compañías celestiales son invariablemente mutuas y enriquecedoras, beneficiando a ambas partes de maneras únicas. [3]
La compañía es esencial para los mortales, ya que provienen de razas que son muy sociales, y los Creadores proveen para ello en todos los niveles, reconociendo que «no es bueno que el hombre esté solo», incluso en el Paraíso. [4] En las relaciones, los Hijos Creadores gobiernan mientras que el Padre Universal se abstiene de interferir. [5]
Las relaciones duraderas nunca se basan únicamente en el afecto biológico, como se ve en la evolución del amor de los hijos a los nietos en las sociedades civilizadas. [6] El Espíritu Infinito es el antepasado aparente del movimiento, el cambio y la relación. [7] Jesús estableció relaciones personales y eternas con todas las personas, priorizándolas sobre todas las demás conexiones humanas. [8]
Los embellecedores de la presencia dramatizan el significado de las relaciones mediante la disposición de seres supermateriales como notas musicales vivientes, olores y visiones en los himnos de gloria. [9]
Los arquitectos sociales, los serafines, trabajan para crear conexiones genuinas y eliminar la artificialidad en las relaciones para fomentar grupos de trabajo eficaces. [10]
Todas las relaciones verdaderas con otras personas, humanas o divinas, son fines en sí mismas y conducen a la comunión con la personalidad de la Deidad, la meta eterna de la ascensión universal. [11]