Las antiguas hermandades sociales y la primitiva fraternidad judía se basaban en el rito de beber sangre, pero Pablo acabó con la necesidad de sacrificios humanos o animales en el cristianismo al establecer «la sangre del pacto eterno». [1]
Las sociedades secretas crearon castas sociales mediante iniciaciones misteriosas que utilizaban máscaras, sesiones espiritistas, señales, un lenguaje secreto, restricciones dietéticas y vigilancia nocturna. [2] En el pasado, los reyes empleaban las sociedades secretas para recaudar impuestos. [3]
Las tribus posteriores formaron clubes secretos de mujeres para preparar a las muchachas para el matrimonio y la maternidad, permitiéndoles asistir al «show de novias» y jurando no contraer matrimonio precoz. [4]
Las sociedades secretas inculcaban lealtad mediante juramentos y secreto, ejercían poder sobre las turbas, aplicaban la vigilancia y la ley de linchamiento, y mantenían a los reyes inescrupulosos en un estado de inquietud. [5] El poder del misterio que se confería a los miembros de las sociedades secretas les daba un sentido de superioridad y exclusividad dentro de su tribu. [6]
Las sociedades secretas utilizaban pruebas de iniciación en la pubertad para conferir poder y misterio a sus miembros, creando una aristocracia social con reglas estrictas sobre la conducta sexual y el matrimonio, lo que condujo al celibato y la segregación por género, al tiempo que promovía la moralidad y los sistemas de castas mediante rituales secretos y educación. [7]
La evolución de los grupos sociales condujo a la formación de sociedades secretas, que con el tiempo se dividieron en tipos sociopolíticos y religioso-místicos. [8]
Véase también: LU 70:7.