Para el materialista incrédulo, el hombre es meramente un accidente evolutivo, condenado a una existencia sin esperanza y carente de sentido. [1]
Las falsas filosofías del mecanicismo no explican la agilidad fatalista de la mente de un materialista que afirma que el universo es un fenómeno energético sin propósito. [2] El materialismo es la maximización de la fealdad, la antítesis finita de la belleza. [3] El materialismo está presente, pero no es la ley exclusiva del cosmos. [4]
El materialismo abarata la vida humana, mientras que el evangelio de Jesús exalta y realza a cada mortal, creando un puente entre la elevación humana y la caída divina. [5]
La búsqueda de la verdad, no la falsa ciencia del materialismo, ayuda al hombre mortal a evitar convertirse en un paria en el universo, al buscar la verdad divinamente real y hermosa, simétrica, que está repleta tanto de bien como de mal. [6] La terrible cosecha del materialismo y el secularismo traerá una destrucción aún más terrible en el futuro. [7] El error en la religión aumenta en proporción a la cantidad de materialismo que corrompe el concepto del Padre Universal. [8]
La presencia de un propósito inteligente en la creación material está demostrada por más de 50.000 hechos de la física y la química que desafían el azar accidental, así como por otros numerosos hallazgos fuera de estos dominios. [9]
Al negar la personalidad de la Primera Fuente y Centro, uno se queda con la elección entre el materialismo y el panteísmo, los cuales caen en el error de corporeidad de equiparar la personalidad con la forma física. [10] El materialismo hace caso omiso de la realidad de que todas las cosas materiales son concebidas primero dentro de la conciencia humana. [11]
La bancarrota del materialismo científico es evidente cuando constantemente rebate las objeciones al referir lo superior a lo inferior, contradiciendo la realidad de la experiencia espiritual y las actividades de un Creador con un propósito. [12]
La comprensión de la molécula del agua refuta la filosofía materialista y la cosmología mecanicista al revelar la naturaleza superaditiva e impredecible de su composición. [13]
Ver la materia como la realidad básica, con la mente y el espíritu como postulados arraigados en la materia, distorsiona la comprensión del Espíritu Infinito como la Tercera Fuente y Centro, mejor descrito como la Realidad Infinita u Organizador Universal. [14]
Es una necedad que el hombre de mentalidad materialista permita que las vulnerables teorías de un universo mecanicista lo priven de los vastos recursos espirituales de la verdadera religión. [15]
Véase también: LU 195:6-7.