Las ceremonias de purificación antiguas se utilizaban para limpiar a las personas después del contacto con los muertos, para protegerse del miedo y el contagio asociados con los cadáveres. [1]
La vida urbana primitiva, durante la era de las ciudades independientes hace doce mil años, se fomentaba mediante la agricultura y la cría de ganado, pero no era demasiado limpia debido a la acumulación de suciedad y basura. [2]
La confesión y el perdón en la religión primitiva implicaban ritos públicos de remisión y purificación ceremonial, y muchas costumbres aparentemente higiénicas de las tribus primitivas eran en gran parte ceremoniales. [3]
En el Jardín del Edén, el saneamiento era una prioridad, con reglas estrictas para asegurar la pureza del agua potable y la eliminación adecuada de los desechos, estableciendo un estándar muy adelantado para su tiempo en Urantia. [4]
Las prácticas primitivas de enterrar los excrementos y evitar escupir en público estaban impulsadas por el miedo a que los enemigos utilizaran los restos corporales en magia perjudicial, no por higiene. [5]
Los guardianes de la salud enseñaron a quemar los desechos para fines sanitarios, promoviendo la higiene primitiva y la cocina para prevenir enfermedades, enseñanzas que se mantuvieron perdidas hasta el siglo XX. [6]
A pesar de los temores y rituales que rodeaban al fuego en las culturas primitivas, muchos no lograron cosechar los beneficios sanitarios de la quema de desechos, ya que consideraban la llama como un fetiche o un espíritu. [7]
Las mareas limpiaron las alcantarillas de Cesarea, donde Jesús se ofreció a ayudar a hacer un nuevo timón para un barco, mientras exploraba la ciudad con sus amigos y explicaba su sistema de agua. [8]