- De los profetas. Los habitantes de Jerusalén, descendientes de Abraham, han apedreado a profetas y asesinado a maestros que les han sido enviados, rechazando la protección y guía de fuentes divinas. [1]
- De Amós. Antes de ser apedreado, Amós proclamó a Yahvé como el «Dios de todas las naciones» y advirtió contra la sustitución de la rectitud por el ritual, difundiendo la verdad suficiente para asegurar la evolución de la revelación de Melquisedek. [2]
- De Hildana. Los enemigos de Hildana idearon un plan para tenderle una trampa a Jesús obligándolo a respetar la ley de Moisés sobre la lapidación, pero él manejó hábilmente la situación, haciendo que su plan se desmoronara. [3]
- De Jesús. Jesús enseñó a la gente durante más de dos horas, pero algunos intentaron apedrearlo por afirmar ser igual a Dios. [4]
- De Esteban. La lapidación de Esteban por parte de los gobernantes judíos marcó un punto de inflexión significativo en la organización de la iglesia cristiana primitiva y su separación de los incrédulos. [5]
- De la esposa del apóstol Felipe. La esposa de Felipe, una miembro intrépida y eficiente del cuerpo de mujeres, estuvo al pie de su cruz, alentándolo a proclamar las buenas nuevas incluso a sus asesinos, y fue apedreada hasta la muerte por judíos iracundos. [6]