Cada maestro apostólico ofreció su propia perspectiva singular sobre el evangelio, siendo Pedro y Santiago Zebedeo los que tuvieron mayor influencia. [1]
Jesús oró por la unidad entre sus seguidores, no por la uniformidad, ya que el pecado se estanca mientras que la rectitud inspira la creatividad individual y la comunión con los espíritus divinos. [2]
La seguridad de un grupo religioso se basa en la unidad espiritual, no en la uniformidad teológica, lo que permite la expresión individual de las creencias personales dentro de la comunidad. [3]
La unidad de la verdadera adoración en el espíritu de todos los hombres es eternamente verdadera, mientras que la uniformidad de los credos sigue siendo inalcanzable. [4]
Las religiones de autoridad requieren uniformidad en las creencias, pero la religión del espíritu exige unidad de experiencia y de percepción, lo que permite la diversidad de creencias y puntos de vista intelectuales. [5]
Jesús deploró la dogmatización y la estandarización de las creencias y tradiciones entre sus seguidores. [6] El progreso exige el desarrollo de la individualidad; la mediocridad busca perpetuarse en la estandarización. [7] La uniformidad en la religión, el gobierno y la sociedad contribuyó a la decadencia del Imperio Romano. [8]