El concepto del pecado original explicaba la muerte y debilitaba el dominio de la magia sobre los pueblos antiguos. [1] El pecado de Adán maldijo a la raza humana, en contra de la creencia judía en la Shekinah y el papel del Mesías en la restauración del favor divino. [2]
La crasa injusticia de condenar a un alma debido al pecado de los antepasados va en contra de la enseñanza de que la relación de cada individuo con Dios es personal y no se basa en los pecados de otros. [3]
Las enseñanzas de Filón influyeron en Pablo, pero él divergió en la doctrina de la culpa hereditaria, el mal innato y la redención del pecado original. [4]
La doctrina de la depravación total obstaculizó la capacidad de la religión para elevar a la sociedad e inspirar, hasta que Jesús proclamó a todos los hombres como hijos de Dios, reafirmando su dignidad. [5]
La humanidad, por naturaleza malvada pero no necesariamente pecadora, necesita el nuevo nacimiento para liberarse del mal y entrar en el reino de los cielos, rechazando la enseñanza errónea de descender de la perfección divina hacia el olvido. [6]
La caída del hombre no ocurrió con Adán y Eva, pues la raza humana ha evolucionado y progresado a pesar de sus errores y fracaso final en la ejecución del plan divino. [7] Pablo incorporó en parte elementos mitraicos a su teoría del pecado original, distintos tanto de la teología hebrea como de las enseñanzas de Filón. [8] La doctrina del pecado original necesita una hipótesis de una edad de oro de antaño, perpetuada por los maestros cristianos. [9]
EL HOMBRE PRIMITIVO, en deuda con los espíritus, desarrolló la doctrina del pecado y la salvación, viendo al alma como nacida bajo pena y con necesidad de redención. [10]
El evangelio de Jesús redime al hombre de la superstición de ser hijo del diablo, elevándolo a la categoría de hijo de Dios por la fe, y brindando una solución eterna a las dificultades espirituales. [11]