Los judíos creían en diferentes enseñanzas mesiánicas, todas apuntando al ungido mencionado en las escrituras hebreas. [1]
Los judíos albergaban muchas ideas sobre el Mesías, que evolucionó de siervo del Señor a Hijo de Dios, pero no reconocieron a Jesús como el inaugurador de una nueva dispensación de misericordia y salvación para todas las naciones. [2] Creían que el Mesías, hijo de David, traería un nuevo reino a la Tierra, ya fuera visto como un rey humano o como un gobernante celestial. [3] El Mesías, como legítimo gobernante de todo el mundo, liberaría a Israel de sus enemigos. [4]
Jesús rechazó la idea de establecer a los judíos como gobernantes mundiales mediante poderes milagrosos, enfocándose en cambio en el reino espiritual que habita en los corazones de los hombres. [5]
Los seguidores de Jesús creían que la destrucción del templo marcaría el fin del mundo y el establecimiento de la Nueva Jerusalén como capital mundial. [6]
La gente se preguntaba si el Mesías, cuando venga, hará algo más maravilloso que Jesús de Nazaret, a quien algunos creían el Mesías, aunque no provenía de Galilea. [7]
El Mesías reinará sobre el mundo como el Príncipe de la Paz, guiando a todos los pueblos hacia el liderazgo espiritual mediante la verdad del único Dios. [8] El Mesías restaurará la Shekinah en el templo y eliminará la maldición de Adán. [9]
Jesús optó por seguir la profecía del Libro de Zacarías para su entrada en Jerusalén, montado en un asno como el rey humilde y justo que traía la salvación. [10]
La expectativa de los judíos de un Mesías que inaugurara una era de abundancia milagrosa condujo a opiniones contradictorias sobre la naturaleza de los poderes divinos de Jesús y su misión final. [11] Pilato temía a los judíos y sacrificó a Jesús, lo que condujo a su caída tras la debacle del falso Mesías en el Monte Gerizim. [12]
Los judíos, centrados en la gloria nacional y la exaltación terrenal, perdieron de vista la verdadera personalidad del Mesías como portador de salvación para todas las naciones. [13]
El rechazo del concepto espiritual del Mesías condujo a la destrucción de la nación judía, pues se aferraron a una misión material, lo que provocó un conflicto con los ejércitos romanos y selló su destino como pueblo independiente con una misión espiritual especial. [14] El retraso en la llegada del Mesías se atribuyó a la falta de arrepentimiento sincero de los judíos. [15]
La confesión de Pedro de Jesús como Hijo de Dios marcó un nuevo y vital reconocimiento de su divinidad incuestionable, un concepto que tradicionalmente no se incluía en la comprensión judía del Mesías. [16]
Jesús atacó con valentía el concepto del Mesías material, optando por centrarse en ganar conversos espirituales duraderos para la verdadera hermandad religiosa de la humanidad. [17] Jesús no era el Mesías judío esperado, sino el libertador del mundo. [18]
Las opiniones de José y María sobre el Mesías diferían: la familia de José se convirtió mayoritariamente en creyente de las enseñanzas de Jesús, mientras que muy pocos de la familia de María creyeron en él hasta después de su partida. [19]
Jesús se esforzó por satisfacer parcialmente las expectativas mesiánicas de sus seguidores proclamando abiertamente su divinidad y preparándose para realizar otra obra poderosa por ellos. [20]
La idea del Mesías como un hacedor de milagros nacionalista impidió que Jesús cumpliera la expectativa judía de una restauración materialista de la gloria nacional judía. [21] Al final, Jesús nunca negó ser el Mesías, dejando la resolución de la situación a la voluntad del Padre. [22] Jesús le dijo a Andrés que él, como Hijo de Dios, no cumpliría las expectativas tradicionales judías de un Mesías sentado en un trono en Jerusalén. [23] Las ideas que los apóstoles habían cultivado durante tanto tiempo sobre el Mesías obstaculizaron su plena comprensión de las enseñanzas de Jesús. [24]
El pueblo judío, esperando la aparición inmediata del Mesías, erigió un rígido muro de separación entre ellos y el mundo gentil, adoraba la letra de la ley y albergaba ideas preconcebidas sobre el libertador prometido. [25] El Mesías del reino se transformó en el Redentor de la iglesia, conectando las creencias judías y gentiles. [26] Profecías distorsionadas mucho después de la vida de Jesús, adaptadas al Mesías. [27] Citando las Escrituras sobre el Mesías, Jesús proclamó la gran salvación y la vida eterna para todos los que creen. [28]
Los judíos invocaron las Escrituras para respaldar sus diferentes visiones del Mesías, desde el siervo del Señor hasta el Hijo de Dios, culminando con la entrada del ungido en Jerusalén montado en un burro. [29]