El evangelio de Jesús, basado en la relación padre-hijo, sólo podrá ser aceptado en todo el mundo cuando los hogares modernos encarnen más amor y sabiduría, como se vio en el hogar de Jesús en Galilea y en el hogar de Juan Marcos en Judea, donde la aceptación del evangelio conduce a una mejora inmediata. [1]
A los evangelistas se les instruyó que moraran en el primer hogar digno que escogieran en una ciudad durante su estancia, mostrando bondad y cortesía a sus anfitriones. [2]
Pocos hogares modernos pueden compararse con el amor y la sabiduría que se encuentran en los hogares de Jesús y Juan Marcos, que ejemplifican el entorno ideal para criar a los hijos y encarnar las enseñanzas del evangelio de una relación padre-hijo. [3] El hogar se basa en la plena igualdad de sexos durante la edad de oro. [4]
El hogar primitivo, fundado en la inquietud sexual masculina y el amor maternal femenino, era un lugar donde la mujer cultivaba la tierra para mantener una residencia estable. [5] El hogar es donde está la mujer, arraigado en el devoto amor maternal y la necesidad de una residencia estable. [6]
El hogar como sociedad entre un hombre y una mujer data de Dalamatia, marcando el amanecer de la edad de oro de la vida familiar y la realización de la igualdad sexual. [7]
El hogar familiar, el hogar primitivo, era donde las familias se reunían alrededor del fuego, aprendiendo altruismo y confiabilidad del fuego doméstico. [8]
La evolución en el diseño de los hogares se remonta a la adaptación de materiales naturales como la madera y la piedra, lo que llevó a la creación de chozas familiares y, finalmente, al uso de materiales de construcción manufacturados como el ladrillo. [9]
El concepto de hogar como sociedad entre un hombre y una mujer se remonta a los días de Dalamatia, hace aproximadamente medio millón de años, y evolucionó a partir de prácticas monógamas abandonadas mucho antes por Andón y sus descendientes, pero la vida familiar careció de importancia hasta la época de los noditas y los adanitas. [10]
En una nación avanzada de un planeta cercano, las leyes y las prácticas dictan que el terreno más pequeño debe proporcionar cincuenta mil pies cuadrados de tierra, mejorando la vida familiar mediante la educación obligatoria de los padres y la calificación de tutores para los huérfanos, con la religión y la filosofía estrechamente entrelazadas dentro de la unidad familiar. [11]
Las costumbres diseñadas para estabilizar el matrimonio y la familia siempre han sido esenciales para mantener la estabilidad de la institución del hogar. [12]
Dejar el hogar por el bien del reino trae múltiples bendiciones, tanto en este mundo como en el mundo venidero. [13]
El verdadero amor por el hogar no se ve reforzado por la búsqueda desmedida del placer, ya que el hambre del alma no puede satisfacerse sólo con la complacencia física. [14] La civilización moderna se encuentra estancada en la salvaguarda del hogar, a pesar de los avances en las comunicaciones y los viajes por el mundo. [15]
Los seres morontiales y espirituales tienen hogares diseñados y construidos por constructores divinos, ricos en realidades espirituales y expresión individual. [16] «La vida familiar se fortalece grandemente con la presencia unificadora de la religión y de los hijos.». [17]
El propósito primordial del hogar es asegurar el mantenimiento y la perpetuación de uno mismo, siendo la gratificación personal una consideración secundaria. [18]
El hogar es la institución más útil y sublime de la civilización, la gloria suprema de la lucha evolutiva de la humanidad. [19] El hogar es una institución humana fundamental que abarca tres funciones esenciales de la existencia humana. [20] Los hombres y las mujeres encuentran la mayor alegría en establecer hogares para la recepción y educación de los hijos. [21]
La evolución del amor justifica y glorifica el matrimonio como el creador de la institución más sublime de la civilización: el hogar, haciendo de la construcción del hogar la pieza central de la educación. [22] La vida familiar fomenta la verdadera moralidad, inculcando la lealtad al deber y reflejando el amor del Creador por todos los hijos. [23]
El hogar estabiliza la personalidad mediante el necesario ajuste a las diversas personalidades, fomentando la verdadera moralidad y la lealtad al deber. [24]
El futuro incierto de Amós contrasta con la seguridad de una vida futura más feliz y más confiable para quienes reciben una educación amorosa y sabia en el hogar durante sus primeros años. [25]
Véase también: LU 84.